El problema con Leo López

Para el Club León, el 4-4-2 está pasando a formar parte de su esencia. De una esencia de carácter histórico. Es un esquema que le da lugar al sacrificio pero también a que el talento pueda surgir sin responsabilidades de recorrido defensivo al colocarlo detrás del delantero, como si de esconderlo del barro del trabajo sucio se tratase, haciendo que su juego ofensivo y defensivo vaya hacia adelante.

Desde el 4-4-2 de Gustavo Matosas, que sólo se modificó para lograr el bicampeonato, el esquema se ha arraigado y modificado manteniendo en general la figura del doble delantero. El 4-2-3-1 y el 5-3-2 que se ha llegado a ver, han tratado de mantener esa figura de dos jugadores al ataque, tuviese o no dos delanteros centro.

Sin embargo, lo que quedó marcado con más fuerza y en un segundo plano a los ojos nuestros fue la configuración de la sala de máquinas. Jugar con un doble cinco predomina fuertemente en el colectivo esmeralda, en un conjunto imaginario de directivos, jugadores y aficionados. Los centrocampistas son identificados de acuerdo a ser encajados en el término “contención”.

Lo que benefició a Aldo Rocha y a Iván Rodríguez, jugadores de corte defensivo, fue que rápidamente encajaron en el deber táctico y a partir de ahí realizaron cualidades ofensivas. En el caso de Leo López, su llegada estuvo marcada por el fútbol de Javier Torrente: defender hacia adelante con presión y una vertiginosa transición con la pelota. Un escenario donde el posicionamiento medular no era imprescindible.

El problema con López, vicisitudes conductuales y mal manejo de sus superiores aparte, es que se le encasilla como un “contención”. Pero el impacto positivo en particular, y lo que tiene su fútbol en general, no se construye ni desde el pase ni desde la recuperación, sino  a partir del regate. Con base en su calidad para desequilibrar dentro y encontrar un jugador verticalmente, Leo puede construir ventajas.

De ahí que, expuesto en el círculo central, sin tener el Gallo Vázquez que si tuvo Carlos Peña, igualada su altura a la de Mejía, cualquier pase sea un riesgo que toma mal parado al equipo. No puede mover al equipo con pases, al contrario, lo pone en peligro. No tiene la fortaleza física para compensar en recuperación y no lo compensa con posicionamiento táctico.

Leo López debería tener el físico del mencionado Gullit, o de un Schweinsteiger, para poder funcionar correctamente al compensar sus posibles errores en una zona tan delicada. El esmeralda está cargando con culpas de las que no es causa, puesto que la solución no es colocarle de mediapunta, sino adelantarle tan poco como diez metros o darle una opción de pase directo.

Hablamos de un jugador cuyo nivel es de finalista de Liga MX, pero al que desde la salida de Torrente, no se le ha dado el trato adecuado en medio de la vorágine que es la érratica etapa post Slim en La Fiera. Y cuando se había tomado una decisión adecuada, lo primero que se hizo fue interrumpirla apenas a los seis meses de sucedido. Habe interrumpido su préstamo al CD Toluca cada vez parece peor decisión.