La nostalgia futbolística y los ídolos de la niñez.

En estos momentos en que al equipo lo envuelve una crisis institucional y no solo futbolística, a los aficionados que tenemos bastantes años siguiendo al equipo verde nos invade una especie de nostalgia futbolística. Añoramos aquellos años de gloria que nos tocó vivir intensamente y que recordamos con melancolía.

En especial añoramos la etapa que vivimos en la niñez o en la adolescencia, esa etapa donde se generan los ídolos. Esos jugadores que durante nuestra infancia nos llenaron de alegrías, de orgullo y que nos parecían héroes inigualables. Esa etapa de nuestras vidas donde dejábamos hervir la sangre, que nuestras emociones nos gobernaran y que nuestros sentimientos rebasaran a la razón. Cuando aún teníamos capacidad de asombro y nos entregábamos por completo al amor futbolístico.

Hoy reaccionamos diferente, porque hemos madurado y el futbol ya no es primordial, o porque entendemos que a veces suceden cosas que parecen inexplicables. Porque cuando ya nos han hecho sufrir demasiado nos resistimos a entregarnos sin medida. Hoy somos incapaces de sentir algo así de intenso.

Hoy seguimos apoyando, entregándonos y alentando, pero de una manera diferente. Hoy podemos acompañar al equipo por cualquier cancha, pero lloraremos menos por los colores. Porque así es la vida, así es el futbol. Hoy podemos admirar a alguno, pero nadie se convertirá en ídolo.

Es la nostalgia futbolística. Es añorar aquellos años y todo lo que significaron. No solo es extrañar a ese equipo y esos jugadores, sino lo que nosotros éramos y sentíamos en aquella época. Era sentirnos vivos, era sentir que respirabas por el escudo. Y a quienes nos hicieron sentir eso jamás los podremos borrar de nuestra memoria.

Es curioso como la nostalgia nos va modificando los recuerdos, dejando las cosas buenas y borrando las experiencias desagradables. Hoy incluso nos parecen bonitas las camisetas Garcis de la etapa Zermeño, pero si salieran hoy nos daría vergüenza que nuestro equipo utilizara algo así.

Hoy vemos las fotos de Marquinho, Tita, Coyote o Edgardo Fuentes y argumentamos con convicción que esos si eran jugadores que se entregaban por el equipo, que ellos sí defendían el escudo con orgullo. Y vaya que lo hacían!

Es la nostalgia futbolística.

No me queda duda que dentro de 25 años, cuando otra crisis envuelva al conjunto esmeralda, mis hijos observarán las fotos de Nacho González, del Chapo Montes, de Rafa Márquez o Mauro Boselli e incluso del Gullit Peña, y dirán con orgullo que esos jugadores si sudaban la camiseta y amaban el escudo de la Fiera. Les contarán a sus hijos que les tocó ver una etapa maravillosa de esos jugadores. Que escribieron una historia brillante de este equipo y que se volvieron ídolos para quienes los vieron defendiendo la playera y se dejaron llevar, sentir y vivir por estos futbolistas que aunque hoy escriben las últimas páginas de su propia historia, gracias a ellos hay una nueva generación de aficionados que pudieron tener nuevos ídolos, que no solo escucharon las historias que yo les he contado, si no que presenciaron las suyas propias. Que les dejaron el sentimiento verde aún más arraigado y que ese sentimiento ya no se va.

La verdadera dimensión de la idolatría de estos jugadores se dará con el tiempo, ojalá ayudemos a engrandecer ese recuerdo porque estaremos engrandeciendo la historia de nuestro equipo.

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