Ángel Mena, a contra corriente

El ecuatoriano Ángel Mena llegó a Cruz Azul FC como un acierto de visión en el mercado sudamericano. Sus intrascendentes, por breves, actuaciones con selección no proyectaban su importancia en el multicampeón CS Emelec, donde fue pieza importante y de donde gesto un cartel suficiente para llegar a uno de los equipos más importantes de la Liga MX.

Mena alcanzó su mejor nivel de juego en la etapa de Paco Jémez, un entrenador con conceptos de fútbol posicional para sus equipos. Ángel no se amarró a quedarse pegado a la cal desde su salida natral como extremo, la gestión del juego del equipo le acerco nominalmente a la posición de interior e incluso en ciertas fases de juego, a la de mediocentro.

A sus cualidades tácticas, acompañadas de calidad técnica y visión, le suma una buena cuota de gol para un extremo des desborde y juego. No se duda que en la etapa del entrenador español fue pieza clave de La Máquina, pero dos sucesos acabaron por torcer su importancia, estancia y tiempo de juego en su ex club.

El más evidente fue la pérdida de la confianza de Pedro Caixinha. El entrenador portugués prescindió de él, hay que decirlo, en gran parte por la mega plantilla que se le armó para competir el semestre pasado. Pasar de competir, por ejemplo, con Carlos Fierro a un Elías Hernández en momento descomunal de forma, le fue relegando. Su actitud y alguna velada recriminación de su entrenador tampoco ayudaron precisamente.

El otro incidente es más sutil, puede pasar desapercibido en el tiempo. Ocurrió en un Club Puebla – Cruz Azul FC. Los celestes se habían ido al frente pero perdieron la ventaja con un autogol. Mena, que había dado la asistencia en el 0-1 de su equipo, bajo a recibir la pelota de los centrales, ante la ausencia de Peñalba. En tiempo de compensación, el control se escapó de sus pies y el contragolpe rival consumó una cruzazuleada más.

A partir de ahí, Mena cayó en una descendente suave al principio pero que se fue acentuando con el tiempo. Un estado mental de predisposición no al fracaso, sino a la fatalidad. La pendiente de la que no ha podido salir se ha convertido en un tobogán cuyo final desembocó en el Club León, cuyos problemas sociales y de juego son de sobra conocidos.

Nacho Ambriz se encontrará con un futbolista que en su mejor versión es talentoso, aguerrido e inteligente. Pero que arrastra meses de capa caída y que tiene en su carácter una alta consideración de sí mismo que exige el reconocimiento de su entrenador mediante minutos de juego. Un manejo que requerirá la experiencia de Nacho pero que una vez que arranque bien, sumará un elemento valioso al equipo.

Tácticamente, Mena puede hacer el papel de Matías Fernández en el Club Necaxa de Nacho. En su esquema, que oscila entre el 4-4-2 y 3l 4-3-3 durante el juego, el chileno permitía una transición ofensiva entre tener un extremo y un interior de acuerdo a lo que el juego requiriera. Esa dualidad ofensiva-defensiva le abrirá posibilidades en el esquema que pueden dar soluciones a un estilo de juego que el semestre pasado se quedó muy corto.