Las dos caras de Torrente

Javier Torrente llegó al Club León pasada la mitad del año 2016, ya entrado el torneo correspondiente y para suplir a Luis Fernando Tena al mando del cuadro esmeralda. Un año después, en agosto de 2017, el entrenador argentino fue despedido tras haber probado en apenas doce meses el éxito y la falta de soluciones a nivel táctico.

Fortalezas del primer torneo

Torrente es reconocido como discípulo de Bielsa por haberle asistido durante mucho tiempo en su cuerpo técnico, pero más allá de cierta verticalidad, no se encuentran similitudes ni siquiera en la salida de balón. Las cadenas de pase para iniciar el juego o la creación de juego en zona medular no forman parte de su ideario.

El fútbol de Javier tenía dos zonas clave para hacer daño al rival, las áreas, tanto la propia como la rival. Para ello utilizaba dos posturas antagónicas por partido. Partiendo de un esquema fijo de 4-4-2 con doble nueve y extremos, su equipo sometía a su rival a una presión asfixiante durante los primeros quince minutos del encuentro.

Con los atacantes, mediocampistas y laterales apoyando en un pressing alto e intenso se lograban recuperaciones en la salida enemiga que encontraban jugadores muy cerca de portería rival y cargando el área para asistir o disparar en situaciones tan claras que se lograba anotar y contar con ventaja en el resto del partido.

Conseguir ventaja en el marcador parecía el objetivo de tomar riesgos, pero a partir del primer cuarto de hora, el cambio era bastante sensible. El cuadro esmeralda se encerraba apenas diez metros por delante de su área y con Boselli y Elías Hernández esperando en el horizonte. Un robo en el primer tercio del campo permitía dejar en apenas dos pases un mano a mano de los atacantes contra la defensa rival.

Baño de realidad y decadencia táctica

El impulso de la llegada de Javier Torrente supuso que el Club León lograra una gran racha que le impulsó hasta semifinales. El problema fue un suceso frente al Club Tijuana, entonces entrenado por Miguel Herrera. Los esmeraldas golearon en la ida por tres goles a cero como locales, pero a la vuelta estuvieron eliminados por minutos dada la diferencia en la tabla, pues Los Xolos estuvieron arriba por tres goles en un encuentro que finalizo 3-2.

Dada la experiencia y tomando en cuenta que el siguiente rival eran los Tigres de la UANL, a la postre campeones, el argentino decidió prescindir de la presión alta y conseguir un equipo más seguro en defensa. La eliminación fue digna, pero significó el inicio de malos resultados en liga que culminarían con un traumático despido.

Lo que sucedió fue que la solución de Javier al problema de mantener la presión alta y jugadores de ataque descolgados pero sin perder capacidad defensiva fue la encarnación del dicho “la cura resultó peor que la enfermedad”. El entrenador planteo una línea defensiva de cuatro defensas, un mediocentro, diez metros adelante un mediapunta y luego cuatro delanteros a igual altura de banda a banda.

Lo que sucedió fue que su equipo perdió cualquier escalonamiento en el esquema y su mediocampo desapareció. Con los delanteros arriba y los defensas abajo, tanto el contención como el enganche quedaron huérfanos para defender y atacar, sin socios para cubrir espacios o asociarse. Los atacantes recibían siempre de espaldas, sin espacios para romper mientras cualquier contragolpe llegaba hasta donde el rival deseaba.

En resumen, Javier Torrente es un entrenador que puede caer bien en Monarcas Morelia, su nuevo reto. Para presionar alto y contragolpear saltándose en ambos casos la creación, no se necesita un talento especial. Sacudir al equipo y dejarle cerca de la victoria es la primer tarea, pero la segunda, mantenerse en el buen camino, corresponderá a la autocrítica del entrenador.