Luis Montes, reflejo de El Tata Martino

Gerardo Martino jugaba como mediocampista creativo en su amado Club Atlético Newell’s Old Boys. Pasando por la posición de mediocentro, se configuró como un interior-mediapunta de calidad, toque, pase, definición… y displicencia. No veía necesario esforzarse en correr sin balón para demostrar su calidad durante los partidos.

El sentir el desgaste por recuperar la pelota como tarea propia de obreros sin talento cambió tras pasar por las manos de, cómo no, Marcelo Bielsa. El entrenador le hizo comprender no el hecho de tener que correr para tener un lugar en el XI, sino para que el juego dominase verdaderamente al rival. Correr para generar espacio. Correr para atacar espacios. Correr para volver a tener el balón y aprovechar espacios.

El Tata tuvo el buen juicio de aceptar las enseñanzas de su director, asimilarlas en su juego y después adjuntarlas a su ideario de juego. Un conjunto de preceptos que potencian lo mejor de su equipo con el material disponible, desde la aguerrida Paraguay hasta su Ñuls campeón y sensación de Copa Libertadores.

Por ello, era imposible que tras recuperar su mejor versión física y acercarse a lo mejor de su fútbol, desempolvando años de excelencia, Luis Montes quedará fuera del ojo de Martino. Es su reflejo, su reencarnación a miles de kilómetros ya con el esfuerzo físico inculcado por Gustavo Matosas. Una sociedad profesor-alumno que quizá no llegue a 2022, pero sí a beneficiarlos mutuamente.

Gerardo tiene en sus manos a un interior con alma de mediapunta, capaz de hacer jugar desde la banda, dar últimos pases a quince o treinta metros, con técnica y garra para fungir de cinco. Si resuelve con su enseñanza el problema de Luis Montes de descifrar y entender la circulación de balón, habrá ganado un futbolista total para la seleción. Y quizá le regale al 10 esmeralda un broche de oro a su carrera.