El día después

Los Tigres de la UANL se coronaron por quinta vez como campeones de la Liga MX en la presente década. A falta de un torneo corto en el presente año, los universitarios ostentan el veinticinco por ciento de las ligas entre 2010 y 2019. Un hecho que como mínimo se puede calificar de respetable y que se adorna de distintas circunstancias, la última de ellas el haber derrotado al Club León de las doce victorias consecutivas.

Los esmeraldas se plantaban en una final después de cinco años y tras un preocupante bache de rendimiento que les alejo de la clasificación a la liguilla más allá de lo que un club que pretende estar en los primeros planos puede permitirse. El semestre, que se prometía convulso, encontró una inesperada e interesante conjunción del plantel que lo catapulto más allá de las expectativas y quizá de sus posibilidades.

Es evidente que cuando un plantel corto y armado considerando las posibilidades y no las prioridades funciona tan bien, tiene su balance colgando de una delicada línea de la que es fácil descarrilarse. Los contratiempos que a inicio del torneo le resultaron positivos a Nacho Ambriz y le ayudaron a encontrar su alineación tipo, le quitaron posibilidades a La Fiera en la fase final de juego.

La ausencia de Macías (a analizarse en otro momento). Le quitó movilidad, calidad y contundencia al frente. La suspensión de Sambueza en el primer partido le quitó un importante revulsivo al equipo en la ida y condicionó el utilizarlo desde el primer minuto de la vuelta. La lesión de Mena quitó el principal foco ofensivo verde del terreno de juego.

De hecho, la lesión de Ángel ocasionó el primer desbarajuste táctico de los locales. El arranque en tromba del Club León al inicio del partido tuvo algo de su explicación en que Yairo Moreno, extremo izquierdo, estaba encontrando un espacio entre lateral-central para desdoblar, generando libertad a sus compañeros o encontrando un carril para atacarlo personalmente.

Cuando Ambriz cambió al ecuatoriano, que recibía solo y muy abierto en tres cuartos tras pases largos de Tesillo, decidió abrir a Moreno a dicho sector. Se perdió la sociedad por izquierda y la proyección del colombiano, a la par de sus seguimientos a Luis Rodríguez, el lateral visitante de más aporte ofensivo. Y es que en la banca solamente estaba Meneses para intentar conservar el plan de juego.

Un plan que sin Macías, tenía a Vinicio como limitante y mero recurso desesperado en vez de solución. Un plan que intentó conservar la fluidez y capacidad combinativa en ataque pero en el que Ambriz se tardó en intercambiar las líneas de acción de Montes y Sambueza, a pesar de lo cual, una vez que el argentino pasó al ancho de mediapuntas estuvo desafortunado en la elección y ejecución de sus acciones con balón.

Por su parte los de Ferretti dieron una lección de serenidad y recursos defensivos variando la altura, intensidad y compresión de su intensidad defensiva, de acuerdo a una gran lectura de los momentos del partido. Una final a un gol, marcado por el jugador más talentoso del fútbol mexicano y defendido por el mejor jugador del torneo, que en esta ocasión se encontraba bajo los palos universitarios.